Mandrágora

SINONIMIAS

Castellano: mandrácola, mandrágula, berenjenilla, lechuguilla, uva de moro, vilanera.

Catalán: margarida, margarideta, margaridoia, pasqüeta.

Éusquera: ostaiska, ostaika, petxilote, pitxoleta, mitxoloti.

Gallego: velorita, vilorita, bilorita

Portugués: margarida, margarita, bonina.

Francés: páquerette vivace.

Italiano: margheritina, pratolina.

Inglés: daisy.

Alemán: gá’nsenblümchen.

DESCRIPCIÓN

La mandragora (del latín mandragora, y éste del griego mandragoras), planta herbácea de la familia de las solanáceas, muestra un rafe grueso y napiforme de formas caprichosas.

Hojas grandes, ovales y enteras; sinuosas en el borde y agrupadas en la roseta basal. Vistas desde arriba recuerdan a las hojas de la acelga, aunque de un verde más oscuro.

Flores largamente pedunculadas, de color amarillo verdoso, y aspecto campanulado.

HÁBITAT

Crece en los campos, bordes de los caminos, acequias, terrenos bajos inundados durante el otoño, etcétera.

DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA

En la península Ibérica habita principalmente en el sur. Su área de distribución abarca de Jaén a Málaga y del Algarbe a la cuenca inferior del Tajo. La mandrágora es propia de los países mediterráneos y templados en general.

ÉPOCA DE FLORACIÓN

A finales del verano o principios del otoño, dependiendo de las condiciones climáticas.

PROPIEDADES TERAPÉUTICAS

El uso de la mandrágora en medicina popular está contraindicado debido al peligro que entrañan sus componentes.

Las principales virtudes de la mandrágora se deben a la mandragorina, un complejo alcaloideo compuesto por hiosciamina, escopolamina, pseudohiosciamina, escopoletina, atropina, ácido atrópico, etcétera. Esta sustancia dio origen al mandragorito, es decir, al vino obtenido por infusión de raíces de mandragora, que tiene propiedades narcóticas. Bs> tas propiedades se atribuían también por magnetismo a ll planta. Existía la creencia de que al pisar, involuntariamente una planta de mandrágora se producían vértigos que nublaban la vista c impedían reconocer los lugares más familiares Dioscórides, en De materia médica, sobre las propiedades curativas de la mandrágora, escribe: «Algunos cuecen raíces en vino y lo guardan para dar un ciato a quienes na pueden dormir o padecen algún dolor, y a los que quieren cortar o cauterizar, para que no sientan el tormento. Si se toman de este licor dos óbolos con clarea, purgan por arriba flema y la melancolía, como el eléboro. Pero si se bebe mayor cantidad, es mortífero. Mezclase en las medicinas para los ojos, y en las que mitigan el dolor (…) Metido por dentro de la natura de la mujer, en cantidad de medie bolo, atrae el menstruo y el parto; y metiéndose por siendo en lugar de mecha es provocativo del sueño…’

BOTÁNICA OCULTA

Todas las supersticiones sobre la mandrágora llegaron a Europa a través de Oriente, unas con la magia árabe, la judía, y muchas más con la China, porque en este país mandrágora adquirió y todavía tiene, incontables virtudes sobrenaturales.

Los poseedores de una rafe de mandrágora poco menos se convertían en dioses y como tales se consideraban excitantes amantes, invencibles en la guerra, capaces de descubrir tesoros ocultos, inmortales, con el poder de fecundar las mujeres sólo con mirarlas, de doblegar la voluntad de las más hermosas damas: colocando la raíz de la mandrágora'» debajo de los Evangelios, después de decir misa, se conseguían los favores de la dama deseada.

En la península Ibérica la mandrágora, como en el resto de Occidente y Oriente, gozó de grandes beneficios mágicos

Según la leyenda, las tentarujas, o diablillos tentadores Cantabria, espíritus incorpóreos que habitaban los bosques utilizaban la raíz de mandrágora para conseguir los favores de las jóvenes del lugar.

La referencia más antigua que figura sobre la botánica oculta de la mandrágora se encuentra en el Génesis (XXXt 14-16), donde se lee: «Rubén, al tiempo de la siega de los lagos, recorrió los campos y encontró mandrágoras, y se III trajo a su madre Lía. Y Raquel dijo a Lía: ‘Dame, por las mandrágoras, de tu hijo’. Y ella contestó: ‘¿Te parece haberme quitado a mi marido, que me quieres quitar l« bien las mandrágoras de mi hijo.’ Entonces Raquel  ‘Pues bien, que Jacob duerma contigo está noche las mandrágoras de tu hijo.» A la tarde, cuando Jacob regresó del campo, salió Lía a su encuentro y le dijo: ‘Tienes que dormir conmigo porque te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo.’ Lía le dio a Raquel las mandrágoras y esa misma noche concibió de Jacob su quinto hijo.»

Los hebreos llamaron a la mandrágora jaboni y le atriImían también virtudes mágicas, principalmente para concebir hijos. En contrapartida los árabes despreciaron a la mandrágora por tenerla como una planta peligrosa.

La mandrágora se consideró en todos los tiempos un excelente condensador de las energías cósmicas. Para Kroeber l,i mandragora es el verdadero alraum o alruna, es decir, la verdadera rafe antropomorfa a la cual la tradición popular .atribuida numerosos poderes mágicos. No puede obviarse en Alemania, desde los tiempos de los godos, la voz alinna designa a la «bruja» y a la rafa de la mandrágora.

Nicolás Maquiavelo (1469-1527), escritor y estadista italiano, dio el nombre de esta planta a una de sus comedias, La imindragola (1520), donde recomendaba el uso de la planta para hacer fecunda a la mujer estéril, como cita el Génesis en Ios párrafos arriba reseñados. Esta misma idea aparece en una comedia griega de Alexis (h. 372 a.C – h. 270 a.C), uno le los principales representantes de la «comedia media» ateniense, titulada Mumiragarixoincne, que alude al poder fecundante del jugo de la planta.

William Shakespeare, en Romeo y Julieta, hace referencia .il grito espeluznante de la mandrágora al ser arrancada. El poder atribuido a la mandrágora fue tal que hubo autores que asimilaron el árbol del paraíso, el árbol del bien y del mal, con la mandrágora.

Johnston, en su obra Traumatografía  naturalis (Amster-ilam, 1670), habla de una mandrágora fabulosa que, con el nombre de baaras, la imaginación popular le atribuía pódeles sobrenaturales. Nada raro porque en Alemania y otros países del centro de Europa la mandrágora se consideró una hechicera convertida en planta. En Francia, por ejemplo, se cree en la existencia de un hada llamada Mandaglorie capaz de procurar grandes riquezas a quienes cuidan de la planta. En otros países existieron las mandrágoras o diablos familiares que bajo la apariencia de hombrecillos negros, sin barba, y cabellos esparcidos, procuraban toda vierte de travesuras a las amas de casa.

Los brujos chinos empleaban la mandrágora o ginseng para producir la locura y causar terribles sufrimientos. En el medievo europeo la mandrágora formó parte de un ungüento de brujas que les permitía volar a los aquelarres. Sobre este cúmulo de atributos se han escrito ríos de tinta y nada mejor que citar a ciertos autores para comprender el verdadero protagonismo de la mandrágora en la cultura popular.

Elena Petrovna Blavatsky (1831-1891), teósofa rusa que asimiló los elementos del hinduismo a las doctrinas del ocultismo occidental, la cábala y el espiritismo, en su obra Glosario teosófico, dice de la mandrágora: «La raíz de esta planta tiene forma humana. En ocultismo la utilizan los magos negros para diversos fines malvados y, algunos ocultistas de la mano izquierda, hacen homúnculos con ella. Según creencia vulgar lanza gritos cuando se la arranca de la tierra. Desde los más remotos tiempos ha sido la planta mágica por excelencia. Sus raíces no tienen aparentemente tallo, y de su cabeza brotan grandes hojas, como una gigantesca mata de cabello. Presentan poca semejanza con el hombre cuando se las encuentra en España, Italia, Asia Menor o Siria; pero en la isla de Candia y en Caramania, cerca de la ciudad de Adán, tienen una forma humana que asombra y son sumamente apreciadas como amuletos. También las llevan las mujeres a guisa de amuleto contra la esterilidad y otros fines diversos.

Son especialmente eficaces en la magia negra. Los antiguos germanos veneraban como dioses lares a unos ídolos disformes fabricados con el rafe, de la mandrágora, y de ahí su nombre de alrunes, derivado de la voz alemana alraune. Quienes poseían una de tales figuras se consideraban felices, puesto que ellas velaban constantemente por la casa y sus moradores. Así mismo, con dichas figuritas, adivinaban el porvenir, emitiendo ciertos sonidos o voces. El poseedor de una mandrágora, además, obtenía, por su influencia, cuantiosos bienes y riquezas.»

Collin de Plancy (1793-1881), fecundo literato francés, sobrino de Dantón, que combatió encarnizadamente a la religión católica para convertirse después a ella, en su Dictionaire infernal, 011 rccherches et antedates sur les démoiis, les esprits, les jaiitomes, les spectres et les revenants (1818), es-cribe: «Las mandrágoras, o demonios familiares, aparecen bajo la forma de hombres pequeñitos, sin barba y con los cabellos enmarañados. Los antiguos atribuían maravillosas virtudes a la planta llamada mandrágora, tales como, la de hacer fecundas a las mujeres estériles y la de atraer toda clase de bienandanzas. Las más prodigiosas de estas raíces eran las que habían sido rociadas con orina de ahorcado [según otros autores con semen de ahorcado], pero no se podían arrancar sin morir. Para evitar esta desgracia, ahondaban la tierra de alrededor de la raíz, ataban el extremo de una cuerda de cáñamo en ella, y el otro al cuello de un perro negro, al cual le propinaban unos buenos latigazos para que, al huir, arrancara la raíz. El pobre animal moría en esta operación; mientras tanto, el dichoso mortal que poseía esta raíz era dueño de un poderoso talismán, un tesoro inestimable, puesto que con ella lo conseguía todo.»

mandragora

Camilo José Cela, premio nacional de literatura en 1984 y premio Nobel de literatura en 1989, en su Diccionario del erotismo, también se ocupa de esta planta y dice: «Fue considerada como muy eficaz afrodisíaco, creencia a la que contribuyó el hecho de que los mejores ejemplares se diesen al pie de los patíbulos y de forma que su semilla se nutría con el semen de los ahorcados, quienes, según es sabido, en sus últimos momentos entran en erección y eyaculan el semen (…) Todos estos fantásticos riesgos hacían que la raíz de mandrágora alcanzara altísimos precios y que sus virtudes afrodisíacas, puramente pretendidas, claro está, fueran muy apreciadas.».

Sobre la forma de recolectar la mandrágora y algunas de sus virtudes, Plinto el Viejo (siglo 1), en su Natumlis historia, que dedicó a Tito en el año 37, escribe: «Quienes recolectan la mandrágora procuran que el viento no les venga de cara y, con una espada, describen tres círculos en torno a ella antes de arrancarla, lo cual realizan mirando a poniente (…) La violencia de su perfume aturde incluso a quienes están acostumbrados a olerlo y una dosis demasiado fuerte mata. A una dosis variable, según el vigor de quien va a hacer uso de ella, es soporífera. La dosis media es de un ciato. La ad-ministran contra las serpientes, y antes de cortar o de pinchar, para embotar la sensibilidad del paciente. Para dormirse a algunos les basta con el olor que exhala. También hay quienes beben su jugo, en lugar del eléboro, a la dosis de dos óbolos, con vino enmelado…»

Las precauciones para arrancar la mandrágora, como se ha visto, fueron muchas y se consideraban del todo necesarias para evitar los muchos peligros de la planta. José Quer, en Historia de las plantas que se crían en España, reproduce los consejos del judío Flavus (siglo I) para recolectar la mandrágora: «Arrancar la mandrágora es empresa ardua, porque se adueña de quienes se acercan a ella, salvo si antes ha sido rociada con orina de mujer o sangre de menstruo. Pero aun entonces, es bien cierto que basta tocarla para morir (…) Hay que desenterrar la raíz todo en-derredor hasta que sólo una pequeña parte de la misma permanece invisible. Entonces se ata un perro a la raíz, y cuando el perro tira de ella, para seguir a toda prisa a quien le ató, como víctima propiciatoria o representativa, con la cual se conforma la planta. Hecho esto no existe ya peligro alguno…»

Tantos atributos mágicos dieron a las raíces de mandrágora, y a la planta en general, un valor extraordinario que llevó a algunas personas a pagar grandes cantidades de dinero por una de estas solanáceas. Bien es sabido que donde hay dinero hay picaresca y en el comercio de la mandrágora no podía ser de otra manera, como citan algunos autores de prestigio lejos de caer en la superchería.

El doctor Andrés de Laguna, en Acerca de ¡a materia medicinal y de los venenos mortíferos, relata: «Pitágoras llamó anthmpomorphon a la mandrágora, que significa ‘figura humana’, por cuanto su raíz, por la mayor parte, consta de dos piernas semejantes a las del hombre. No contentos muchos burladores con esto quieren persuadir que se nos parece en todos los otros miembros, y así, para engañar al pueblo ignorante y crédulo, suelen, en la raíz de la caña o en aquella de la brionia, esculpir y entretallar todas las partes del hombre, encastrando ciertos granillos de trigo en los lugares del cuerpo de los cuales quieren que nazcan hierbas en vez de cabellos o pelos. Formadas, pues, las dichas raíces con este fraudulento artificio, las meten debajo de tierra, y entonces las sacan como cosa monstruosa y las venden por cuanto quieren, para hacer hijos, a unas mujercillas estériles que mueren por empreñarse…»

Pietro Andrea Mattioli (1501-1577), médico italiano, importante figura del humanismo renacentista, en su versión comentada del tratado farmacológico de Dioscórides, tan bien habla de las falsificaciones de la mandrágora: «Los triaqueros o buhoneros -escribe Mattioli- ofrecen una raíz c forma de hombrecillo o mujercita, y han hecho creer a 1 gentes que es dificilísimo conseguirla, pues debe arrancan con sumo cuidado al pie de una horca, para lo cual se usa un perro negro, que ha de tirar de ella por medio de i cuerda. Ahora bien, la persona que esté removiendo la tierra deberá taparse los oídos con cera, porque si oyera gritar a li planta, su vida correría grave peligro (…) Los buhoneros (..,)| venden muy cara esta raíz al asegurar que da la felicidad principalmente a quien está bajo sus efectos, y que vuelve fi cundas a las mujeres estériles, las cuales tienen que banal todos los sábados estas raíces en vino y agua, envolverla acto seguido cuidadosamente y guardarlas en lugar secrete Pues bien, sepa el amable lector que este asunto de la mandrágora es pura invención a la par que engañifa puesto que los buhoneros tallan las raíces (…) cuando todavía esta frescas dándoles la forma humana tan característica, y coló cando granos de cebada o mijo en aquellos lugares que mal tarde deba salir pelo. Después meten las raíces esculpidas e la tierra hasta que crecen fibras de los granos incrustados•> lo que suele ocurrir en un plazo de tres semanas- y entona las desentierran y arreglan con un cuchillo afilado las hembras que han salido, dejándolas con una apariencia tan sutil que semejan los pelos de la cabeza, la barba y las partes pudendas, con lo cual se encandila a los bobos. Esta pillería más la confesó en Roma un vendedor de triaca que estaba muy  enfermo, razón por la que yo le trataba; y me enseñó una colección de raíces tales, diciendo que alguna vez había vendido una sola por treinta ducados a la gente rica…»

En el siglo XVIII la mística y magia de la mandrágora cayeron en desuso y científicos de la categoría de Lamarck, en j su Encydopédie méthodique, pusieron las cosas en su sitio! ] «No diremos nada -escribe este autor- de las facultades supersticiosas y ridículas que los antiguos han atribuido a ll 1 mandrágora, ni las fábulas que han surgido con motivo de la remota y grosera semejanza que se ha visto entre su raíz  y los muslos de un hombre, cuando, por casualidad, se encuentra aquella dividida en dos partes…» La ciencia empírica tomó las riendas del pensamiento y por primera vez en ; la historia las supersticiones y creencias se vieron cuestionadas con una base suficientemente fuerte para no ser derribada con argumentaciones ridículas y sin fundamento.

La mandrágora, difícil de encontrar en los herbolario», ha quedado en el olvido y sólo en la magia china tiene muchas aplicaciones. En la cultura occidental la mandrágora tuvo un protagonismo cuando el desconocimiento científico no podía dar respuestas a muchas preguntas sobre la naturaleza. Gracias al racionalismo cartesiano y a la Ilustración muchas de las viejas creencias y supersticiones de la sociedad europea fueron erradicadas y el pensamiento evolucionó en escasos años como no lo había hecho jamás en toda la historia.

La mandrágora simboliza la fecundidad, revela el porvenir, procura la riqueza.

En las operaciones mágicas, la mandrágora siempre se toma como elemento macho, mientras que en su forma es macho y hembra. En la medida en que está provista de una raíz nutritiva, la mandrágora significa las virtudes curativas y la eficacia espiritual.

Pero es un veneno que no puede ser benéfico más que si se consume sabiamente dosificado.

La mandrágora se cree que nace del esperma de un ahorcado (SCHM). Las bayas de mandrágora, del grosor de una nuez, color blanco o rojizo, eran en Egipto símbolo de amor: sin duda en virtud de sus cualidades afrodisíacas.

Entre los griegos era llamada «la planta de Circe», la Maga. Inspiraba un temor reverencial. Plinio observa que según Teofrasto: «quienes recogen la mandrágora toman cuidado de no tener el viento de frente. Describen tres círculos alrededor de ella con una espada, después la levantan del suelo volviéndose hacia el lado de poniente… La raíz de esta planta, triturada con aceite rosado y vino, cura las inflamaciones y los dolores de los ojos» (Historia natural, 25,94). Vlanitú Aún en el siglo XVIII, se la llamaba la mano de gloria y se le reputaba que devolvía el doble de lo que recibía: dos escudos de oro por un escudo, dos escudillas de grano por una escudilla.

En estas leyendas populares, hallamos de nuevo el simbolismo de la fecundidad y la riqueza vinculado a la mandrágora, pero a condición de que se la trate con precaución y respeto. Es una de las plantas que dieron lugar al máximo de supersticiones y prácticas mágicas.